“Cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable, está preparando el retorno de la violencia, revestida de un vocabulario nuevo, adaptada a unas circunstancias inéditas. Comprender al enemigo quiere decir también descubrir en qué nos parecemos a él.” – Tzvetan Todorov


viernes, 17 de marzo de 2017

Quince años de duelo ante el dolor de una madre palestina

Quince años de duelo ante el dolor de una madre palestina
Robi Damelin* 

Han pasado quince años desde que perdí a mi hijo David.  Tras 15 años de esfuerzos de reconciliación y convivencia con los palestinos, no estuve lista para escuchar el emotivo mensaje de Suha Abu Khdeir, la madre de Mohammed Abu Khdeir, quemado a muerte por tres judíos israelíes en el verano de 2014.  Abu Khdeir se plantó frente a 200 mujeres israelíes y palestinas y nos habló en un idioma que sólo las madres podrían comprender plenamente.
No hay competencia cuando se trata de duelo.  Quien ha perdido a un hijo o una hija sufre el peor dolor que un ser humano puede sufrir.  Pero la desenvoltura de Abu Khdeir para hablar públicamente de las circunstancias de la muerte de su hijo, y para superarlas para convertirlas en un mensaje de reconciliación, nos emocionó y nos hizo sentir muy orgullosas de esta valiente mujer.
“No he logrado conciliar el sueño de noche en estos tres años; cada día que pasa soy yo la que se está quemando por lo que le pasó a Mohammed”, dijo. “Mohammed me dejó un mensaje de que debo trabajar para lograr justicia para mí y para él.  Que debo trabajar para que ninguna otra madre pierda a su hijo.”
Ante estas palabras no había una sola garganta en el auditorio que no se hubiera cerrado por el llanto ahogado, ni ojos sin lágrimas.  Una mujer que tiene todas las razones en el mundo para odiar está buscando reconciliación.  Ella que ha sufrido el peor dolor posible quiere detener el ciclo continuo de derramamiento de sangre.
Abu Khdeir participaba en un evento organizado el 10 de marzo por The Parents Circle - Families Forum para conmemorar el Día Internacional de la Mujer.  El evento, que tuvo lugar en la ciudad cisjordana de Beit Yala bajo el lema "Rompiendo el muro que nos divide", contó con la asistencia de más de 200 mujeres palestinas e israelíes.  Nuestra intención: transmitir un mensaje de reconciliación, un mensaje de unión.  Todas las mujeres que estuvimos allí presentes creemos que sin un proceso de reconciliación no tenemos futuro aquí.  Podemos firmar tratados de paz, pero sin un verdadero entendimiento, sólo habrá más ceses al fuego que sólo durarán hasta que estalle la siguiente guerra.
http://www.huffingtonpost.com/entry/breaking-the-walls-
between-us_us_58cae9dde4b07112b6472bc8?
Tras el emotivo discurso de Abu Khdeir, las mujeres unidas rompimos un muro simbólico que fue construido ese mismo día.  Juntas rompimos ese muro simbolizando el deseo de todas nosotras de vivir lado a lado, como dos naciones con igualdad de derechos en dos estados soberanos e independientes, sin ignorar el entendimiento de que al final tendremos que compartir la misma tierra.
Al final del evento marchamos juntas por una carretera.  Recibimos diversas reacciones por parte de los conductores que se dirigían hacia un puesto de control.  Hubo quienes tocaron su claxon en solidaridad y hubo algunos otros que nos maldijeron.  No es muy común ver a cientos de mujeres palestinas e israelíes marchando juntas en medio de los territorios palestinos llevando un mensaje de paz y reconciliación.  A pesar de que no es algo común, es una mirada reconfortante que me hizo sentir que, a pesar de los resentimientos, a pesar del conflicto en curso, a pesar de la violencia, todavía hay esperanza de que llegará el día y alguien escuchará a estas mujeres maravillosas; alguien que entienda que todos nosotros, ciudadanos y líderes, debemos seguir el ejemplo de Suha Abu Khdeir.
Ya es hora de que las mujeres se sienten en la mesa de negociaciones y participen activamente en las conversaciones que determinan nuestro destino. Después de todo lo dicho y hecho, somos las mayores víctimas de este conflicto en curso.
Durante la última ronda de violencia en Gaza, cuando corrí al refugio en el edificio donde vivo, miré al niño de mi vecino jugando a la pelota y me di cuenta de la suerte que tengo de tener un refugio para correr cuando sea necesario.  Pensé en la madre de Sderot que dijo que tenía sólo 15 segundos para llegar a una zona segura con sus tres hijos, uno de los cuales está en una silla de ruedas, y se ve obligada a decidir a quién llevará primero a ese refugio.  Pensé también en las madres palestinas que no tienen refugio.
Terminamos nuestra pequeña marcha por la paz cantando “Imagine” de John Lennon: “Puedes decir que soy una soñadora / Pero no soy la única”.  Estoy orgullosa de formar parte de un maravilloso grupo de mujeres y hombres que no dejan de soñar y hacen todo lo posible para que el sueño de la reconciliación se convierta en una realidad.
Ahora ellos, -los políticos, generales y analistas-, están pronosticando otra guerra para el próximo verano.  Este es precisamente el momento de frenar el recurrente derramamiento de sangre.  ¿Cuántas víctimas más tendremos que sacrificar antes de ponerle un alto?

*Robi Damelin es una madre en duelo y miembro del ejecutivo de The Parents Circle - Families Forum.


(Publicado originalmente como 15 Years of GriefFailed to Prepare Me for One Palestinian Mother's Brave Message en Ha'aretzTraducción: José Hamra Sassón).


lunes, 22 de febrero de 2016

Neta Elkayam: Yo soy hija de judíos marroquíes.

Neta Elkayam se presenta a sí misma como “Ana bint dal el-Yahud el-Maghreb” – Yo soy hija de judíos marroquíes.  Es otra cantante judía israelí que logra articular, en su experiencia exiliante, su punto de origen a través de la música.  Reivindica así, "cantando en la lengua del enemigo", su herencia cultural.

El árabe deja de ser la lengua del Otro y se re-apropia de ella.




sábado, 19 de septiembre de 2015

Tassa, los al-Kuwaiti y la emergencia exiliante.

Desconocer orígenes, por omisión o dolo, es una forma de crecer en falta.  No es extraño que eso suceda.  Basta con atender los silencios para percatarse de ello.  Así, de forma no fortuita, la vida comienza a colocar pistas que contrabandea de otros tiempos y espacios.  Se comienzan a levantar andenes para alcanzar y apropiarse de esos momentos vetados.  Tiempos y espacios se funden en sincronía para dar paso a la emergencia de seres exiliantes.

Este es el caso de Dudu Tassa, israelí que desafío el dolor de su abuelo desconocido, exiliado de Irak, de su música y su creación. Dudu, el nieto, rescató su legado y canta en la "lengua de los enemigos".

Esta entrada supondría otra forma de atender lo que para algunos analistas se trata del inicio de la tercera Intifada en Jersualén y los territorios palestinos ocupados por Israel.

También es una forma de atender y darle cara a los nuevos silencios impuestos por una realidad política que se antepuso a los lazos familiares.  

Aquí la historia de Dudu Tassa y su música publicada originalmente en el Jewish Ideas Daily:

By Aryeh Tepper • Friday, March 25, 2011 

Remember "Baghdad Bob," Saddam Hussein's information minister? During the Iraq war, as the cameras showed U.S. tanks rolling through Baghdad, he took to the airwaves to assure his fellow Iraqis that not a single enemy tank had penetrated the city's defenses.

As it happens, "Bob," whose real name was Muhammad Said al-Sahhaf, was a long-time expert in manufacturing absurd lies for domestic consumption. Already in the early 70s, in his role as director of Iraqi Radio and Television, he had produced a list of "legitimate" Iraqi songs by the magical means of transforming music that had been composed by Jews into "traditional folk songs."

Among the illustrious composers and musicians thus erased from Iraqi history were two brothers: Salah (1908-1986) and Daoud (1910-1976) al-Kuwaiti. An integral part of Baghdad's artistic scene during the 1930s and 40s, the al-Kuwaiti brothers wrote music for King Faisal's 1936 coronation ceremony and headed the Iraqi radio orchestra. Their songs, performed by leading Arab vocalists like Um-Kultum and Muhammad Abdel-Wahab, were popular throughout the Arab world.

In 1951, the al-Kuwaiti brothers were among the 120,000 Jews forced to flee Iraq for Israel, leaving their wealth and prestige behind. When they arrived in the reborn Jewish state, a small country straining under a doubling of its population in the first few years after independence, they were placed with the rest of the Iraqi Jewish refugees in a temporary tent camp.

If the change in physical circumstances was extreme, the cultural transition was no less difficult. In Iraq the brothers had belonged to the elite; in Israel they were relatively unknown. Moreover, the regnant cultural ethos in those early decades of state-building called for fashioning a "new Jew" by "negating the Diaspora"; the Diaspora emphatically included the world with which the music of the al-Kuwaitis was associated. Worse still, that music was by definition identified with the culture of Israel's arch-enemies.  

As a consequence, and even though the al-Kuwaitis continued to perform for Voice of Israel broadcasts in Arabic, their work was relegated to a musical ghetto. Compounding the humiliation was the fact that on Iraqi and Arab radio, thanks to "Baghdad Bob," credit for their songs was now being assigned to other artists. In these and other ways, the al-Kuwaitis' experience in Israel was representative of the fate of many in that transitional generation, marginalized from within and erased from without, their culture lost somewhere in-between.
By the end of his career, Daoud al-Kuwaiti had become so discouraged that he forbade his children to become musicians.  Although they themselves dutifully complied with their father's wishes, Daoud's grandson, born in 1977 and named for his illustrious grandfather, did not—and therein lies the second half of the story.

From an early age, it was clear that David (Dudu) Tassa had been blessed with his grandfather's musical talent. Young Tassa released his first album when he was only thirteen, and within a few years had developed into an accomplished vocalist and guitarist, one of those rare artists appreciated by critics, the public, and fellow musicians.

Tassa's standard sound is a mixture of rock and soul sustained by a sophisticated pop sensibility. But he also knows his way around classic Zionist anthems. And now, on his recently released and acclaimed eighth disc, Dudu Tassa and the Kuwaitis, he has further pushed the boundaries of his repertoire by reinterpreting songs written by his grandfather and great-uncle.

That is no easy task. As Tassa writes in the album's liner notes, even though he grew up with Arabic songs in his home, his professional diet was Western popular music, and the two vocabularies are very different. Even more difficult to digest were the al-Kuwaitis' lyrics, full of typically Iraqi "pathos and drama." Only slowly did Tassa learn to appreciate the brothers' literary and musical depth. In the end, he re-arranged the originals, adding Western rhythms and instrumental colors (there are no guitars in Arab music). The album, performed entirely in Arabic, is fittingly dedicated "to all of the musicians who brought [to Israel] . . . a magnificent culture."

On one level, Dudu Tassa and the Kuwaitis represents a ground-breaking experiment in musical sound, dubbed by one critic "Iraq 'n' roll." But the sound is also a poignant one—the sound of a grandson getting to know the grandfather he never met—and it embodies, as well, an act of recovery, bringing back into the musical mainstream the work of two musicians who were forgotten in the twists and turns of history.

Nor is that all. Melding the old and the new, Tassa's interpretation of the original Iraqi sound is an exercise in generational bridge-building, reflecting an increasingly common desire among many Israelis to explore the cultures their grandparents were compelled to set aside as part of their absorption process.  Not Ben-Gurion's "negation of the Diaspora," this is rather an "ingathering of the exiles," an ingathering that includes the cultures of the exiles.

Perhaps most significantly, Dudu Tassa and the Kuwaitis can be seen as an expression of Israeli cultural self-confidence—of liberation from the idea that Western styles are the sole criterion of good music. Israel is, after all, the place where Jewish communities have come together from all over the world, and it is only natural that its music should reflect the resulting synthesis. That the Arabic language is a very large component of Israel's cultural heritage, the medium in which millions of Jews have thought, felt, and created, is one of the ironies forthrightly embraced in Dudu Tassa and the Kuwaitis. Among its many other virtues, the album reminds us that "the language of the enemy" is also the language of a towering medieval philosopher like Maimonides and of modern Jewish artists like the brothers al-Kuwaiti. 

"Winn Ya' Galub" (Cry, My Heart), by the al-Kuwaiti brothers:

The Iraqi version: 


Música de los hermanos al-Kuwaiti interpretada por Dudu Tassa: 



viernes, 5 de diciembre de 2014

Dikla, en inglés pero en árabe.


Dikla.

Dikla es una cantante judía israelí, de origen egipcio e iraquí, que ama la música árabe.  Hace poco lanzó su nuevo sencillo, un cover de "Here comes the rain again".

Dikla canta en inglés, pero con acento árabe.  Exponente viva de la vida cotidiana de un ser exiliante que se despliega a través del Lenguaje y sus lenguas.  En ese despliegue se hace posible lo que para muchos resulta inimaginable.  La coexistencia comienza por aceptar la complejidad de las identidades.




sábado, 26 de julio de 2014

En lo que va de esta guerra, me he dado cuenta quienes son mis amigos - Connie Janin

Desde Jerusalén, Connie Janin nos comparte, sin tapujos, el dolor que le produce la guerra.  

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En lo que va de esta guerra, he posteado muy pocas cosas relativas al conflicto en medio oriente. Creo que muchos tienen una posición tomada y lo que yo opine, sienta, o deje de opinar no cambiará la vida de nadie.

En lo que va de esta guerra, me he dado cuenta quienes son mis amigos, los cuales no necesariamente piensan como yo, pero me preguntan cómo estoy o cómo estamos viviendo todo esto…y me he desilusionado respecto a unos cuantos. Me he sentido abandonada, juzgada y en muchos casos acompañada y querida.

En lo que va de la guerra he sentido pánico, angustia, depresión, miedo, tristeza, desesperación, bronca, frustración, impotencia, dolor, confusión, incertidumbre…Algo más?...

En lo va de esta guerra, he visto hombres unidimensionales, que analizan el mundo en términos de ¨buenos y malos¨, opresores y oprimidos, víctimas y victimarios sin poder ver la complejidad del universo de unos y otros…Este pensamiento,  que deshumaniza a unos en pos de los otros, no permite ningún dialogo ni una construcción conjunta de la paz…No hay “otredad”, sino un “otro amenazante”.

En lo que va de la guerra, he sentido dolor, asco, cansancio, desesperación. He leído cada una de las notas que salían sobre medio oriente. Y los comentarios de los foros…….Y he lidiado con una “rutina surrealista”. He preguntado en las colonias de vacaciones de mis hijos  si  hay refugios antimisiles, y me he sentido una idiota preguntándole al hijo de la amiga de mi mamá que vive en Ashkelon (donde no paran de caer misiles), cómo se siente…

En lo que va de la guerra, me he preguntado cientos de veces qué hago aquí….y no he dejado de preguntarme cosas…

En lo que va de la guerra, he visto un profundo desconocimiento respecto a la realidad y la historia  de lo que ocurre acá.

En lo que va de la guerra he visto a gente que en su vida luchó ni defendió ninguna causa, convertirse en expertos en cuestiones de medio oriente.

En lo que va de la guerra he oído cientos de veces la palabra genocidio (no se referían ni a Siria ni a Irak ni a otras latitudes), ocupación, Sionismo , Judíos (en algunos casos agregaron, para variar ,de mierda), imperialistas y todos los epítetos antisemitas habidos y por haber, incluida imagen de la quema de una sinagoga en Francia sin mucho repudio en las redes sociales (salvo los judíos de siempre que repudian al antisemitismo)….No he oído las palabras misiles, cúpula de hierro (el antimisiles que previno muchas víctimas)Hamas, terrorismo. Esta fue la oportunidad de muchos, de justificar políticamente, (y agregaría ¨correcto¨) su odio hacia los judíos. O como dijo un ¨ex amigo¨ virtual: Ustedes los judíos siempre se victimizan. He visto tildar a los israelíes y a los judíos en general de nazis, criminales, desalmados….Ignorando que acá  también la gente sufre y teme por sus vidas.

En lo que va de la guerra he visto odio, mucho odio. Pero también por escasos momentos compasión (lo cual me dio una pequeña esperanza).

En lo que va de esta guerra, he visto a muchos apoyar una causa e ignorar que los niños de ambos lados sufren….Con todo el dolor del mundo he visto a los niños palestinos muertos. No voy a agregar nada más. Desgarrador. También he visto a muchos ignorar el dolor de los niños de Israel. Los que viven con el miedo  de salir corriendo a los refugios cada vez que suena una sirena (si en el lugar hay refugios).Ni una palabra en la prensa.Ni una visita a los lugares atacados por parte de la prensa  internacional. Los israelíes no tienen alma. Tampoco acerca de los tres chicos secuestrados, ni de los túneles del horror (que han despertado mis más profundas fobias) llenos de armamento para volar cientos o mejor dicho miles de personas. No quiero pensar que hubiese pasado de no haberlos encontrado y explotado.

En lo que va de la guerra he llorado, odiado, puteado y curiosamente, he recordado un capitulo de ¨la familia Ingalls¨ (una de mis series favoritas de la infancia), donde en un pueblo de Massachusetts iban a ver como atracción a un judío que llegaba al pueblo (si no me equivoco luego se casaría o seria pariente de Nelly Olson).

En lo que va de la guerra, he escuchado a mis hijos decir tengo miedo. Preguntarme por qué hay guerras y cómo hacer para que se termine.  He visto algunos dibujos de mis hijos con temas bélicos. Y me he asustado…

En lo que va de la guerra, he visto muy pocos preguntarse acerca de lo que pasa en Gaza con el Hamas. De preguntarse acerca de los escudos humanos (que existen), de los burros con explosivos, y del dinero utilizado para construir los túneles….Se han despertado todas mis paranoias respecto a los atentados terroristas. Recordé el 2003, cuando estaba embarazada de Alma. Todo el tiempo había atentados…Encima sigo sin manejar…

En lo que va de la guerra el Hamas ha disparado más de 2800 misiles en 17 dias. El silencio del mundo ha sido cuasi unánime.No existe el terrorismo. El horror todos sabemos que existe(tanto palestinos como judíos). Adivinen cómo se llama?....Empieza con la misma letra de la palabra antes mencionada….

En lo que va de la guerra he visto un Hamas lleno de odio, exigir…..No dejé de pensar en lo qué es la impunidad….

Espero que el cese del fuego esta vez sea real y no sea violado nuevamente. La mayoría de los que vivimos acá queremos paz.También aquellos que viven en Gaza. Quiero que mis hijos crezcan en paz. Una verdadera  paz y no virtual. Respetándonos unos a otros y conviviendo en armonía…

Connie Janin-25-07-2014

 

viernes, 18 de julio de 2014

As a father who lost his children in Gaza, I call for an end to this bloodshed - Izzeldin Abuelaish

As a father who lost his children in Gaza, I call for an end to this bloodshed - Izzeldin Abuelaish

Palestinians and Israelis must work together to build a new generation that believes in humanity and freedom.


Funeral of Gaza police chief's relatives
Palestinians mourn at a funeral after an Israeli air strike. Photograph: Ezz Zanoun/Zuma Press/Corbis
Insanity, as Einstein said, is doing the same thing over and over and expecting a different result. We Palestinians and Israelis have experienced many destructive wars and the result is always the same: more deaths, more terrible injuries, more bloodshed, more animosity and more hatred. What do we expect to be the result of any war?
The current conflict has led to at least 260 people being killed, more than 1,600 severely wounded, more than 2,300 Israeli air strikes, more than 1,300 rockets fired from Gaza and at least 600 houses and institutions demolished and destroyed. The children of both sides are traumatised and all aspects of daily life paralysed. The Palestinians are under attack while millions of Israelis facing attack are forced to hide in fear in bomb shelters. But the consequences of war go far beyond what we see on our screens. What we don’t see is 10 times what is visible and both sides are suffering.
After the killing of my three daughters by an Israeli shell in January 2009 I concluded that if my daughters were the last sacrifice on the road to peace between Palestinians and Israelis, then I accept their loss. I promised that I would continue to fight with the only means available to me: wisdom, courage, strong words and meaningful action.
But what I learned from that war that scarred my family so irreparably was that all of us (Palestinians and Israelis) take a defensive position to justify our acts. This originates from fear and from past experience. Only when we start to take responsibility and reconcile ourselves to new thinking will we get a different result.
Conflict is the result of fear, mistrust and suspicion. We need to smash these artificial barriers we have created in our minds because nothing will change until we change what is in our own hearts, minds and souls.
I understand intimately the meaning of unbearable suffering, loss, the absence of security and what it is to live in terror. And I understand and feel the suffering of the Israelis who have lost loved ones and are forced to live in fear. But what is the best way for Palestinians and Israelis to resume hope and life? We need to heal our people and close the wound completely, not in stages or in ways that leave part of it open.
Nothing is impossible but we need to act before it becomes irreversible. Palestinians and Israelis have been angry for a long time but we need to ask what our anger has achieved? It has brought destruction and injustice to ourselves and to others. When the war ends, and I hope it happens soon, all will celebrate the victory but in reality, all are losers from war.
What kind of victory produces orphans or maimed children and wounds to the soul that never heal? As a wounded, bereaved father who lost his three beloved children I feel the suffering of all human beings but I call for an end to this bloodshed.
This is a moment in history that must be captured. The hope and the future safety and freedom of Israel are linked to the security, safety, freedom and future of Palestinians. We are like conjoined twins and any harm induced to one will impact the other.
The courageous thing for both sides is to embrace the dignity, grace and strength of the other. We have no choice but to work together to heal our wounds, wipe our tears and, while learning the lessons of the past, to look forward. George Orwell said that the further a society drifts from the truth, the more it will hate those who speak it. We all bleed the same colour and the life of all is equal and precious. No cause justifies the killing, intimidating or threatening of human beings.
Let us build a new generation that believes advancing human civilisation is a joint project and that the most sacred things in the universe are humanity and freedom.

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Publicado originalmente el 18 de julio de 2014 en The Guardian: http://www.theguardian.com/commentisfree/2014/jul/18/father-children-gaza-bloodshed-palestinians-israelis?CMP=twt_gu

jueves, 17 de julio de 2014

Nuestros niños y los de ellos - Alberto Mazor

Nuestros niños y los de ellos

Escrito por Alberto Mazor. Publicado en Blog el 17 Julio 2014. 

BandeirasIsraelPalestinaVeo el deterioro grave y rápido de la situación de seguridad en Gaza, Cisjordania, Jerusalén y las localidades árabes de Israel, y no me sorprende.
No se dejen confundir por un momento. Este es el resultado de la política llevada a cabo por el actual Gobierno israelí, cuya esencia es «vamos a meter miedo al pueblo sobre todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor en Oriente Medio.
Vamos a demostrar que no hay interlocutor palestino. Vamos a construir más y más asentamientos y crear una realidad que no se pueda cambiar. Vamos a continuar no tratando con los graves problemas de Israel. Vamos a continuar sin resolver las carencias sociales graves en la sociedad israelí».
Esta ilusión funcionó de maravilla, siempre y cuando el sistema de seguridad fue capaz de proporcionar una significativa calma en los últimos años como resultado de la alta capacidad y la dedicación de los miembros del Mossad y del Shin Bet, el Ejército y la Policía de Israel, así como de la Autoridad Palestina, cuya contribución a la relativa tranquilidad en Cisjordania no se debe tomar a la ligera.
Sin embargo, el rápido deterioro que estamos experimentando en la situación de seguridad no vino por el vil asesinato de Naftali, Eyal y Gil-Ad, los tres jóvenes israelíes secuestrados. El deterioro es, ante todo, el resultado de la ilusión de que la inacción del Gobierno en todos los frentes puede congelar el conflicto con los palestinos; la ilusión de que «Etiquetas de Precio» no son más que un par de consignas en la pared y no racismo y terrorismo puro. La ilusión de que todo se puede resolver con un poco más de fuerza. La ilusión de que los palestinos van a aceptar cualquier cosa que hagamos en Cisjordania y que no responderán a pesar de la rabia, de la frustración y del deterioro social y económico. La ilusión de que la comunidad internacional no va a imponer sanciones contra nosotros, que los ciudadanos árabes de Israel nunca saldrán a las calles debido a la falta de atención a sus problemas y que el pueblo israelí continuará agachando la cabeza y aceptando la impotencia de su Gobierno para hacer frente a las brechas sociales que sus políticas crearon y continúan empeorando mientras que la corrupción sigue envenenando cada rincón de las dependencias estatales.
Mientras nos consternamos por el horrible asesinato de los tres adolescentes israelíes en manos de asesinos despreciables, una vez más escuchamos la retórica israelí de que en momentos de guerra no hay izquierda y derecha; estamos todos juntos y unidos.
Pero si bien no hay izquierda y derecha, los diputados Yariv Levín y Miri Regev (Likud), entre muchos otros, llaman a enfrentar a los musulmanes israelíes y hacerles entender que lo que ya fue no volverá a ser. El ministro de Transportes, Israel Katz (Likud), pide hacer temblar las casas en Gaza. El ministro de Economía, Naftali Bennett (Habait Haiehudí), como siempre, quiere sangre mientras falanges judías inflamadas persiguen y golpean a árabes. El ex viceministro de Defensa, Danny Danón (Likud), afirma que Netanyahu «traiciona» su compromiso con el pueblo de Israel.
Desde 1995 no escuchamos ni aprendimos nada. También así empezó la incitación que llevó al asesinato de Rabín: con la palabra «traidor».
Un joven palestino es quemado vivo y su primo norteamericano es duramente golpeado por la Guardia de Fronteras israelí. El canciller Liberman sostiene que el castigo de la diputada árabe, Hanín Zoabi, debe ser el mismo que el de los secuestradores palestinos, y en los asentamientos judíos en Cisjordania se sigue construyendo porque esa es la «respuesta sionista apropiada» a los asesinatos, cuando en realidad se construye, como si nada, todos los días del año.
Y esto es sólo el comienzo. Siempre hay derecha e izquierda. Están los que gritan y los que permanecen en silencio. La mayoría de la opinión pública israelí está convencida de que siempre es víctima y creó un mecanismno de negación que se interpone entre ella y la realidad: nuestros hijos son asesinados brutalmente y cada niño palestino que muere viene con una automática justificación, recitada como una repetición robótica de las noticias de la televisión hebrea.
Sin embargo, niños inocentes mueren por el fuego directo de soldados isralíes en las playas de Gaza. A los ojos de los palestinos, y con toda razón, son todos niños masacrados. Más de 1.300 niños palestinos (!) resultaron muertos en los últimos 14 años. Pero el mantra ocioso continúa: las Fuerzas de Defensa de Israel no matan en vano; nosotros no matamos niños a propósito, nosotros hacemos las cosas bien. Somos moralmente superiores.
El recitado automático y moral de superioridad oculta la realidad y crea un sentimiento falso y peligroso de que nos consideramos eternas víctimas del pasado, del presente y del futuro.
En Israel se formó una sociedad violenta y opresora; una sociedad que se encuentra en una constante posición de victimización. Pero los niños muertos en la playa de Gaza - y muchos más a lo largo de décadas de violencia - son una marca en nuestra frente imposible de quitar. Quien busca justificativos posibles en ello, los encontrará sólo si se miente a si mismo. Esa mancha nos acompañará a lo largo de toda la heroica historia del Movimiento Sionista que aún queda por escribir.
Nunca borraremos nuestros logros, que son muchos y enormes, pero tampoco nuestra vergüenza.
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Publicado originalmente en el blog de la Casa de Cultura Mordejai Anilevich (Uruguay) http://ccma.uy/blog/113-nuestros-ninos-y-los-de-ellos