“Cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable, está preparando el retorno de la violencia, revestida de un vocabulario nuevo, adaptada a unas circunstancias inéditas. Comprender al enemigo quiere decir también descubrir en qué nos parecemos a él.” – Tzvetan Todorov


viernes, 3 de octubre de 2008

Asedio del extremsimo israelí

ASEDIO DEL EXTREMISMO ISRAELÍ
JOSÉ HAMRA SASSÓN
MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

ANTENA RADIO 107.9 FM
2 DE OCTUBRE DE 2008

El vacío de poder que se vive en Israel tras el fracaso del gobierno de Ehud Olmert es reflejo del deterioro de su sistema político, que se manifiesta inestable, pero además paralizado ante su mayor reto: asegurar la existencia de Israel como un Estado judío y democrático. Una condición impostergable es lograr un acuerdo de paz con el pueblo palestino basado en el proyecto de dos Estados independientes. Sin embargo, este escenario tiene fecha de caducidad. Como comentábamos hace 15 días, se gesta en Palestina un movimiento que diseña una nueva estrategia basada en un Estado binacional para israelíes y palestinos. Lo anterior sin dejar de lado la amenaza siempre latente de una nueva ronda de violencia.

En este tipo de escenarios, donde la incertidumbre es moneda corriente, las visiones maniqueístas, totalitarias y unidimensionales salen a la luz y secuestran al resto de la sociedad. Los movimientos extremistas aprovechan la oportunidad para hacerse presentes ante la ineficiencia en la que pueden caer los sistemas democráticos. Los métodos empleados, por lo general, se apartan de la vida institucional. Precisamente, en Israel el sistema democrático empieza a perder espacios frente al extremismo nacionalista de corte religioso de los colonos judíos en Cisjordania.

El movimiento nacional-religioso de Israel cobró fuerza tras la guerra de 1967, una vez que Israel se hizo del control de Cisjordania, Gaza y Jerusalén oriental. Estos territorios, desde su visión, habían sido redimidos. Buena parte de la historia que narra el Antiguo Testamento se concentra en ciudades como Hebrón y Jericó. Desde esa perspectiva, las ramas más extremas de la derecha israelí se han manifestado en los últimos quince años como una reacción al proceso de paz con los palestinos.

Y es que de concretarse un acuerdo, el territorio de Cisjordania y Jerusalén oriental pasarían a soberanía palestina, con lo cual las colonias judías deberían ser evacuadas, tal y como sucedió en la franja de Gaza en 2005. En los años más recientes, la radicalización del movimiento nacionalista y religioso se ha expresado en el establecimiento de caravanas de jóvenes militantes en las colinas cisjordanas adyacentes a poblados palestinos o colonias judíos. Estos asentamientos, muchas veces apoyados desde cúpulas gubernamentales, se han convertido en hechos consumados que poco a poco hacen inviable un Estado palestino territorialmente continuo. Junto con estos actos de provocación se construyen carreteras de seguridad para uso exclusivo de lo colonos, haciendo una verdadera hazaña el traslado de la población palestina entre poblados. El extremismo de los militantes judíos es tal que se han enfrentado incluso a la policía y ejército israelíes cuando han intentado desalojarlos. Sin embargo, prácticamente ningún gobierno ha querido asumir el costo político que implica erradicar al extremismo sionista de tierras palestinas. Quien lo hizo tibiamente, como Itzkak Rabin, recordemos, fue tachado de traidor y después fríamente asesinado.

Se calcula que hoy en día hay al menos 270 mil judíos viviendo en asentamientos en Cisjordania (sin considerar otros 200 mil en Jerusalén oriental), una cifra que se duplicó desde 1994, año en que se afianzó el proceso de Oslo entre Israel y la OLP. Junto con el terrorismo palestino, la colonización judía de la tierra palestina ha sido uno de los obstáculos que han impedido avanzar en el proceso diplomático. Estos asentamientos son además fuente de la creciente frustración de los 3 millones de palestinos de Cisjordania. Junto a las razones ya expuestas, estos militantes nacional-religiosos se manifiestan de forma altamente violenta, sembrando el terror en la población civil palestina. De acuerdo a la organización israelí B’tselem, que vela por los derechos humanos de los palestinos en los territorios ocupados, los colonos judíos patrullan caminos y ponen obstáculos físicos en tierras palestinas continuas a los asentamientos judías, algunas veces con aprobación de las autoridades israelíes. En ocasiones, los colonos expulsan de sus tierras a palestinos que se dedican a la agricultura. Esta organización pro-derechos humanos ha documentado casos de ataques y amenazas contra población palestina, con armas de fuego, golpizas, piedras, perros de pelea, además de destrucción de equipo agrícola y cosechas, robo de ganado, y todo tipo de hostigamiento contra civiles palestinos.

Por si fuera poco, estos grupos extremistas literalmente se han apropiado del discurso nacionalista israelí y han creado un peligroso precedente. Aunque son una minoría dentro de la sociedad israelí, se visten de una moralidad redentora tan peligrosa como la del extremismo de Hamas. Igualmente fundamentan sus preceptos ideológicos en textos religiosos y se dicen dueños de la verdad absoluta.

Una de las víctimas más recientes de la intransigencia de los colonos extremistas en Cisjordania es el profesor Zeev Sternhell, un especialista en movimientos fascistas y que ha denunciado insistentemente la ocupación israelí en los territorios palestinos. Sternhell sobrevivió hace una semana a un atentado con una bomba de fabricación casera en Jerusalén. Terroristas judíos de extrema derecha pusieron precio a la cabeza de miembros del movimiento izquierdista Paz Ahora, al cual pertenece Sternhell.

El mensaje está más que claro. Sólo un avance real y concreto en el proceso de paz podrá desactivar la amenaza que representan estos movimientos extremistas. Más aún, de no alcanzarse un acuerdo de paz con los palestinos, se pone en peligro a la democracia israelí y la existencia de Israel como un Estado seguro para sus ciudadanos.

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